La Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) atraviesa un momento definitorio. No es solo un cambio de discurso, ni un bandazo. El rector, Alejandro Zermeño Guerra, ha presentado un segundo informe que rompe el molde tradicional.
Zermeño abandonó esa suerte de asepticismo académico que por décadas, y en condiciones muy distintas, han usado rectores, directivos, funcionarios e investigadores destacados, se supone que como modelo “científico” que no compromete, no ofende a nadie y cobija bien el miedo al compromiso. En su lugar se vio a un rector apasionado. Fue un acto profundamente político, en el mejor y más universitario de los sentidos.
El mensaje central fue la resiliencia. Mientras algunos sectores externos parecen desear que el mundo universitario arda para obtener beneficios políticos, la UASLP eligió la construcción. La educación es la única apuesta que no falla, afirmó con firmeza.
La autonomía no fue mencionada como un concepto abstracto. Se defendió como un escudo contra la asfixia financiera. Zermeño alertó sobre la presión presupuestal con una claridad que incomoda a quienes ven a la universidad como gasto.
Es fundamental entender la asistencia de Juan Ramiro Robledo. Representó a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. Esta presencia no fue casual. Fue un reconocimiento al peso institucional de la máxima casa de estudios potosina. Juan Ramiro es además un reconocido universitario histórico, una trayectoria que su carrera política no tendría por qué quitarle a ningún potosino que haya servido en la UASLP.
La UASLP decidió dejar de ser una torre de marfil. Se mostró como un ente vivo, con sentido humano y vocación de trabajo. El rector entendió que la neutralidad académica suele ser cómplice del estancamiento social y económico.
En México, la educación pública sufre ataques constantes. El presupuesto se utiliza a menudo como garrote político. Por ello, que un rector hable de “autonomía” con un tono combativo es una bocanada de aire fresco para la democracia.
Zermeño defendió el sector educativo como motor de cambio. Pidió a las autoridades invertir recursos, no solo por cumplir. Lo hizo desde una postura de dignidad, recordando que la universidad pertenece a la sociedad, no a los gobernantes.
Se vio a una institución que no teme al conflicto si este nace del deber. Fue un informe que priorizó la identidad universitaria frente a la grilla barata. La resiliencia no es aguantar golpes, es seguir construyendo bajo la tormenta.
Al final, el mensaje fue contundente. La UASLP no se doblegará ante presiones externas. Su compromiso es con el conocimiento y con San Luis Potosí. Y si no gusta que se diga, se dirá más alto. Ha emergido una autonomía mucho más valiente, para que no quede duda.

