Nataly Cárdenas
Una sola ceja levantada bastó para que la Plaza de Fundadores entendiera que la noche le pertenecía a ella. No a la Lucero de los promocionales, sino a la mujer que ha vivido mil vidas en la pantalla y que en el festival San Luis en Primavera, decidió proyectarlas todas sobre el escenario. Como si se tratara de un guion de “Lazos de Amor”, la artista se desdobló ante miles de potosinos. Fue la niña ingenua, la villana de elegancia fría y la multifacética intérprete que, desde los cuatro años, supo que el mundo real era demasiado pequeño para sus ambiciones.
La historia comenzó con el recuerdo de Chispita. Lucero invocó a esa pequeña que buscaba un hogar, pero esta vez su casa fue el aplauso masivo. “Juguemos a cantar” y “América” funcionaron como el primer acto de una película que todos sabíamos de memoria. Sonó “Te prometo” y la plaza recordó a la adolescente de “Coqueta”, esa que caminaba de la mano de Pedro Fernández mientras el cine mexicano encontraba en ella a su nueva heredera. La plaza se llenó de ecos de “Un amor muy especial”, una letra que hoy, con décadas de distancia, se lee como el pacto que ella firmó con su propia carrera.
Pero la calma de los recuerdos infantiles se rompió con la “Electricidad”. “Sobreviviré” resonó con la fuerza de quien ha salido ilesa de mil finales de telenovela, fue el momento de las pasiones de “Los parientes pobres”. Entre “Amores sin prisas”, la plaza presenció la transición de niña a mujer y la actriz le prestó su voz a la cantante para decir “Tú me quieres, yo te amo”. Cada movimiento de manos y cada mirada hacia las laterales de la plaza tenían la precisión de una toma cinematográfica perfecta, como las que acostumbra “La novia de América”.
El mariachi irrumpió en el segundo acto y Lucero se enfundó en la identidad de México. En esta primavera, las canciones de Juan Gabriel fueron el puente. “No tengo dinero” y “El Noa Noa” sacudieron las estructuras coloniales de Fundadores. Ella, con la maestría de quien dirigió su propia vida desde la cuna, rindió cuentas al Divo de Juárez.
La cumbia de Los Ángeles Azules tomó el relevo. Lucero se entregó al ritmo de “17 años” y “El listón de tu pelo”. La misma versatilidad que le permitió interpretar a tres hermanas al mismo tiempo se manifestó en su capacidad de pasar del drama ranchero a la fiesta de barrio. “Nunca es suficiente” y “Cómo te voy a olvidar” marcaron el paso de una multitud que se olvidó del frío de la noche.
La secuencia final no tuvo desperdicio. “La bilirrubina” y un incansable “No pare sigue sigue” cerraron el telón. Lucero se despidió de San Luis Potosí como la protagonista de una historia que empezó a los cuatro años y que aún no tiene fecha de final. Se fue de la plaza con la misma seguridad con la que María Paula se retocaba el cabello frente al espejo, sabiendo que, pase lo que pase, el público siempre se queda con ganas de una escena más.

