Imágenes y texto: Nataly Cárdenas
El parque de Morales, como desde hace ya varios años, fue el centro de reunión en el que tomó forma una marcha que atrajo la atención de todos los sectores sociales porque no fue solo una caminata, fue un acto de resistencia, de celebración y de exigencia.
Desde niños hasta familias enteras, mujeres regalando abrazos de mamá, parejas de larga trayectoria, personas en silla de ruedas… Sin importar el género, la posición económica o la edad, quienes se sumaron a la movilización tenían un propósito en común: exigir que se les vea, se les reconozca y se les respete.
Algunos observaban con sonrisas cómplices, mientras otros optaban por apartar la mirada, como si el simple gesto pudiera hacer desaparecer la diversidad que desfilaba ante ellos.
La marcha avanzó con determinación por toda la avenida Carranza. En medio del bullicio y la energía vibrante, destacó también la diversidad de emociones que inundaron la tarde. Las consignas resonaron con fuerza en el aire caluroso: “No que no, sí que sí, ya volvimos a salir”. Cada exigencia de justicia fue pronunciada con una convicción palpable, y reflejó la determinación de quienes ayer se adueñaron de una de las vialidades más importantes de la ciudad.
También hubo voces cargadas de ironía y valentía que desafiaron estereotipos obsoletos con frases como: “Esos mirones también son maricones”. La movilización fue una muestra de unidad y fuerza, donde personas de todas las edades avanzaron con dignidad, proclamando que la comunidad LGBT+ se cuida mutuamente, como lo expresaron con firmeza: “La policía no me cuida, me cuidan mis hermanas”.
Entre las melodías que acompañaron cada paso, “Todos me miran” de Gloria Trevi se convirtió en un himno de liberación y aceptación. Al ritmo de la música, con temas como “Bad romance”, de Lady Gaga; “I follow rivers”, de Lykke Li y “No soy una señora”, de María José, los corazones latían al unísono, recordando que cada paso dado era un avance hacia la igualdad tan anhelada.
En medio del fervor de la marcha, también fue evidente la emotiva respuesta de la comunidad. Muchos no pudieron contener las lágrimas, ya fuera por coraje al exigir justicia o por alegría al participar en los bailes y corear cada canción.
Para muchos, esta marcha representó un día de seguridad en un año lleno de incertidumbres, finalmente se sintieron protegidos y comprendidos.
Las muestras de apoyo y cariño fueron palpables, con abrazos reconfortantes que algunos recibieron por primera vez de una “mamá” que, aunque no fuera la suya, los acogió con amor y ternura. Las lágrimas de niños, jóvenes y adultos al recibir esos abrazos eran un testimonio conmovedor de la necesidad profunda de afecto y aceptación que la comunidad ha anhelado durante tanto tiempo.
La manifestación no estuvo exenta de protestas contundentes. Entre los cantos y las risas, se escuchó al unísono “Que chingue su madre la iglesia católica”, una denuncia directa contra la opresión histórica enfrentada por la comunidad LGBT+.
Además, las y los asistentes bailaron “Vogue” como una forma de expresión y resistencia. Este baile, disfrutado con alegría y orgullo, también fue una protesta ante las recientes agresiones hacia quienes lo practican en San Luis Potosí. Es en estos gestos de resistencia y celebración donde la marcha trazó una línea clara en el pavimento, recordando a todos que la lucha por la igualdad es un compromiso colectivo y continuo.
En Plaza Fundadores, la marcha alcanzó su destino final con una celebración vibrante. Artistas potosinos subieron al escenario para ofrecer un espectáculo diverso y emocionante. Shows de drag con actuaciones de baile, lipsync y comedia, cada acto fue recibido con entusiasmo y aprecio por la multitud reunida. Entre lo destacado de la noche estuvo la presentación de Lorena Herrera, quien compartió su talento y su apoyo a la causa.
Aunque la marcha haya concluido, su mensaje resonará mucho más allá de las calles transitadas. Este evento no solo fue una manifestación de resistencia y unidad, sino también un recordatorio de la fuerza y la determinación de una comunidad unida en su búsqueda incansable de justicia y dignidad.

