La última sesión del Consejo General del INE legalizó por un voto de diferencia el uso y abuso del acordeón en procesos electorales.
El voto de diferencia, como en todas las votaciones polémicas de este régimen para normalizar barbaridades y desvergüenzas, lo otorgó la morenizada Carla Humphrey, esposa del oficialista exfiscal anticorrupción Santiago Nieto.
Destacado, por su congruencia democrática de toda la vida, el papel del potosino Martín Faz Mora, entre las cinco personas consejeras que pidieron declarar como no válida la elección judicial, para velar por la integridad del voto. Apoyaron esta propuesta Arturo Castillo, Martin Faz, Diana Ravel, Jaime Rivera y Claudia Zavala.
No obstante que la distribución generalizada de las llamadas “guías de votación”, mejor conocidas como “acordeones”, dejó claro el empleo de propaganda y la manipulación inadmisible del voto en dimensiones masivas, doña Cala, la presidenta oficialista Guadalupe Taddei y otros cuatro consejeros, sacaron adelante la validación del cochinero.
Con datos, con evidencias, Faz Mora expuso que “para ganar había que aparecer en un determinado acordeón… ya que, de otra manera, no podría explicarse por qué, a pesar de la imposibilidad estadística, en seis de cada 10 casillas el voto fue prácticamente idéntico”.
La propuesta contra el “acordeonazo” era declarar no válida la elección para abrir margen a que se resolvieran las innumerables dudas, la inequidad, el acarreo, la inducción y la coacción del voto.
Por un solo voto de diferencia se decretó como irrelevante la práctica manipuladora del voto a través de guías. Recordarlo para responsabilidades del futuro de la vapuleada democracia mexicana y reconocimiento para quienes lo advirtieron.

